La Gente Terrible

j_alvargonzalez@hotmail.com

viernes, septiembre 09, 2005

mal de cabaña

- Tío... Eh, tío. ¿Estás dormido?
Despego un ojo con un sonoro chasquido. Dani asoma su cabeza pelada y rubia por la puerta de mi cuarto. – Qué coño quieres.
- La tele.
- ¿Qué pasa?
- Se ve azul.
- ¿El qué?
- La tele, cojones.
- ¿Azul?
- Que sí.
Despego los dos ojos. - ¿Y cómo es eso, Dani?
- Pues yo qué sé. Ven a verlo.
- ¿Qué hora es?
- La una. De la tarde.
- ¿En serio?
- Sí, puto sopa. Levanta.
Salgo de la cama y me pongo unos pantalones y voy descalzo al salón. Dani mira la tele en jarras. Por la pantalla se deslizan imágenes azuladas. Cojo el mando y voy cambiando de canal. No mejora nada. - ¿Has probado a encenderla y apagarla y eso?
- Claro.
- ¿Y?
- Da lo mismo. Sigue igual.
- Ajá.
- ¿Qué te parece?
- Que se ve azul.
Dani me mira. – No me toques los huevos, Javo.
- Sí, vale... Uh, tiene que ser cosa como del tubo de imagen, ¿no?
- Tú sabrás.
- ¿Que yo sabré?
- Es tu tele, no la mía.
- Hostia, claro, la monté yo pieza a pieza. No te jode.
Nos miramos de soslayo, los dos en jarras, los dos de mala leche. Tenemos el mal de cabaña encima. Todo lo que hace me toca los huevos. Todo lo que hago le toca los huevos. Es un coñazo. Ya lo hemos pasado antes. Mogollón de veces. Aunque nunca nos había dado tan pronto. Supongo que porque nos hemos perdido la costumbre. No ha sido una buena idea que se viniera. Le insinuaría que se fuera a tomar por culo, pero ha pagado uno de los meses atrasados y medio mes de septiembre, así que es tan legítimo habitante de esta casa como yo. Dinero de sus viejos. Ha empezado a echar currículos para devolvérselo. Eso dice.
- ¿Por qué no llamas al casero y le pides otra?
- ¿Tú estas tonto?- Pagué mi parte del alquiler con unas traducciones que me cayeron del cielo, vía hotmail. Pero el casero no está nada contento conmigo. Nada de eso. Está la cosa como para ir pidiendo teles. – Ni de coña.
- ¿Por qué no?
- Porque no. Ya sabes.
Dani bufa. – ¿Y qué hacemos? No quiero estar viendo los pitufos todo el santo día.
- ¿Los pitufos?
- Coño, Javo. Azul, pitufos.
- Ah.
- Espabílate un poco. ¿Qué hacemos?
- Ni puta idea. Podíamos acercarnos al Centro Reto a ver si hay alguna tele barata.
- ¿A lo de los yonquis?
- Sí, qué pasa. – Señalo los muebles, el sofá y los sillones. – Los pillamos allí.
- Estás de coña.
- Qué va.
- Seguro que eso no se te ocurrió a ti.
- ¿Qué has dicho?
- Nada.
- No, dilo.
- Nada.
- Eres un gilipollas- digo, mirando el desfile azul de la tele.
Dani suspira. Se acerca al sofá y toca un cojín con un pie descalzo y negro. - ¿Se te ocurrió mirar para ver si había jeringuillas?
- Todavía las hay- digo. Miro la planta de mi pie y también está negra. Deberíamos limpiar más el suelo. O dejar de andar descalzos.
- Pues qué bien. – Señala la tele y después las paredes verdes. – Por lo menos hace juego.
- Me voy a acostar.
- ¿Otra vez?
- Sí, otra vez. ¿Pasa algo?
Se encoge de hombros y me da la espalda. – Tú a tu rollo- farfulla.
El puto mal de cabaña. Violenne y yo no lo superamos. Pasado el entusiasmo inicial, las excursiones a por muebles, lo de pintar de un color diferente cada habitación de la casa, de hacerlo todo como colocados o borrachos y a toda velocidad, en seguida empezamos a cansarnos el uno del otro. Ella no soportaba mis relecturas, mis fijaciones obsesivas, que por temporadas sólo escuche el primer disco de Interpol una y otra vez, que tenga tendencia a quedarme callado encadenando cigarrillos, mi natural tendencia a la introspección y la melancolía. Yo pronto me aburrí de su hiperactividad mareante, de su humor pendular, de sus poemas sobre lluviosas tardes premenstruales. Pasamos del entusiasmo a la tensión, y de ahí a huirnos por las habitaciones, hasta la noche en que no volví a casa, y al llegar por la mañana, con el cuello de la camiseta roto y sangre seca en las fosas nasales, ella se había ido.
Así de sencillo, así de rápido. Tanto que no suena a verdad completa.
El puto mal de cabaña. Con Dani es diferente. Puede que no lo soporte, que me parezca un bocazas y un gilipollas la mayor parte del tiempo, pero es mi asqueroso mejor amigo. De eso va la amistad. De aguantarse mamonadas.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Ah! no!ellos no, la manera en que lo cuentas, el estilo al escribir. Ellos pueden ser un encanto, de hecho ellos son lo de menos.
Y esa es la frase, justa, vivir en una realidad alucinada, si.
Yo le llamo mal de acampada, jajaja, también me ha pasado.

Vita!

09 septiembre, 2005 16:24  
Anonymous Anónimo said...

De ese disco me encanta "Burn the witch", fue la primera que me enganchó. Los descubrí hace más bien poco, y están bastante bien, solo que a veces me suenan bastante Foo fighters, que no está mal, pero empalaga algo... Yo me bajé algunas de Interpol...es horrible!!!lo de Queens of the stone age te salva!!:D

Vita, sin mala leche pero sincera.

11 septiembre, 2005 22:41  

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