La Gente Terrible

j_alvargonzalez@hotmail.com

sábado, octubre 08, 2005

por el momento

Hay como un zumbido en mi cabeza. Es un precursor. Me enseñaron a identificarlos. La falta de sueño es otro. Duermo cinco horas diarias. Me arden los ojos. Se me va la cabeza. Lagunas de memoria. Monto en el autobús y ya estoy en la parada. No hay trayecto. Eso es un precursor. Hay muchos precursores. El zumbido es un precursor. La falta de sueño. El pensamiento confuso. El estrés convoca los precursores. Si bebo mucho, aparecen los precursores. Si consumo cocaína, aparecen los precursores. Me zumban los oídos. No duermo. No hilo bien los pensamientos. Son precursores. Son como jungla con temblores de


Chaval, oigo. - Oye, ¿chaval?
Parpadeo. - ¿Sí? Joder… ¿Perdón?
La empleada del Horno me mira con su redecilla en la cabeza y su cara de cansancio. - ¿Qué quieres?
- Pan- digo. La boca seca. – Pan de piña.
- ¿Grande?
- Grande.
Es como despertar de un sueño.
Y estoy fuera y me quedo un momento con la bolsa de papel crujiendo en mis manos sudadas y huelo el pan caliente y recuerdo haber llegado y recuerdo haber mirado dentro y ver que no había cola y hay como una pausa, una cesura en el pulso del mundo, de mi mundo. Y la empleada diciendo chaval. Oye, chaval.
Un precursor.
Por las escaleras bajan los sonidos del Tambo. En la tienda de electrodomésticos un tipo me mira. Hay gente en la cafetería. La empleada del Horno ya se ha olvidado de mí.
Con Violenne no había precursores.
Después de Violenne tampoco había precursores.
Hasta ahora.
En la tienda de las revistas reconozco una cara. Tras el mostrador.
Lo que sea que tengo, lo que sea que se me adhiere con los precursores se desprende como una vaga pesadilla.
Entro en la tienda. Palma está agachada, abriendo unas cajas.
Cojo todas las revistas porno de los expositores. Carraspeo y las dejo caer sobre el mostrador. – Hola, buenas.
Palma respinga y me mira. -Tú- dice.
- Sí, yo. Me gustaría comprar toda esta pornografía- digo, extendiendo las revistas sobre el mostrador como si fueran una baraja de cartas. – Es bastante aberrante, la verdad. Pero qué le voy hacer. Es algo dentro de mí que...
- Tu misoginia- dice Palma, muy seria. – Onanista.
- Siempre me dices unas cosas que... Me matas.
- Guarro.
- ¿No me das un beso?
- Ven aquí- dice, sonriendo ya. Salvamos el mostrador y nos damos un par de besos. – Cuánto tiempo, ¿eh?
- Sí, ya te digo.
- ¿Qué tal estás?
- Tirando. ¿Y tú, cómo es que curras aquí?
- Pues ya ves- dice.
- Eh, es un trabajo guai, ¿no?- digo. – Puedes leer la prensa, mirar porno y hay una tienda de golosinas al lado. Es cojonudo. ¿Podrías colar mi currículo en la bandeja de los currículos para cuando te larguen de aquí?
- Sí, claro. Pero tú tienes tu trabajo sórdido y enfermizo ya.
- Bueno, podría hacerlo desde aquí. Inspirarme con esto- digo, hojeando una Edad legal. La miro. – Llámame falócrata, sabes cómo me pone.
- Gilipollas. ¿Y Dani y estos?
- Dani está viviendo en mi puta casa. Es como viajar en el tiempo. De estos, sean quienes sean, no sé nada.
- Vi a Chema hace poco. Iba con su novia... ¿Cómo se llama la chica?
- Uh... No sé. ¿Ana?
- ¿Ana? Qué va.
- ¿Bea?
- Qué dices. Mucho menos.
- Llámala Yoko.
Palma se ríe. - No seas malo.
- Bah, si no es mala chica. El calzonazos es Chema. Lo vi hace poco... Bueno, ya hace tiempo.
- Me lo contó- dice, con una mirada chunga.
Descarto el tema con un gesto de disgusto. – Una mala noche. Los demás... Dani está viviendo en mi casa. Paga el alquiler y eso, pero lo sigo viendo como un puto invasor. Es como viajar en el tiempo.
- Me acuerdo de cuando vivías juntos. Madre mía.
- Pues otra vez. Pero como con cansancio, sabes. Y de Nico no sé nada. Muerto y Brus como siempre.
- Ya.
Una señora entra en la tienda. – Buenas- dice. Nos mira. Mira las revistas. Nos mira. Mira la portada de Clima. – Yo...
Palma carraspea, roja como un tomate. - ¿Qué quiere?
- Yo... Celo... Pero...
- Ahora mismo.
Observo la transacción aguantándome la risa y al final cojo un Playboy con el que resguardar la cara y le suelto una carcajada terrible a las tetas satinadas y en lencería roja de una rubia.
La señora se va con su celofán, confusa y perturbada, y Palma me arranca la revista de la cara. – Largo de aquí- dice, intentando parecer muy enfadada, pero le da la risa. – Venga, vete, que siempre me haces lo mismo.
- ¿Yo? Me voy pero porque tengo prisa, que yo no hago nada- digo, cogiendo las revistas.
- ¡No, déjalas! Yo las coloco, pero vete, por dios.
Me inclino, le doy un beso en la mejilla y digo: - Pásate pronto por la casa, ¿vale?
- Vale.
La sonrisa de buen rollo me dura un buen rato.
Ni rastro de los precursores.
Por el momento.

1 Comments:

Anonymous Yo said...

¡¡¡GUARRO!!!

08 octubre, 2005 18:01  

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