La Gente Terrible

j_alvargonzalez@hotmail.com

domingo, enero 15, 2006

cosas raras

Tenemos todo el piso para nosotros, dice.
Si cierro con fuerza los párpados, veo un espectáculo de fuegos artificiales.
¿Qué quieres hacer?
Agotado, sudoroso, cerrando los ojos, las manos sobre el rostro. Es como una batalla de naves espaciales, si cierro con fuerza los ojos.
¿Estás cansado?
Estoy cansado. Se lo digo.
Ah.
Al abrir los ojos, las luces, los brillos, los colores, siguen ahí, explotando, proyectados en el techo.
¿Qué quieres que te haga?
Estoy cansado. Qué más quieres.
Bueno.
Se mueve en la oscuridad. El somier chirría. Antes no chirriaba. Era silencioso, cómodo, solitario, fácil. Cálido. Me enfrío, el sudor se enfría. Las mantas y las sábanas han caído al pie de la cama, pero no quiero taparme, no quiero que se tape conmigo, no quiero incluirla en este hueco tibio, íntimo.
¿En qué piensas?
En que estoy cansado.
Suspira y se vuelve, me mira apoyada en el codo.
¿Te pasa algo?
No me pasa nada.
Ya...
Cierro los ojos con fuerza, colores como balas trazadoras sobre el arrozal.
¿Qué haces mañana?
Eh... Tengo cosas. Algo por ahí.
El frío es casi sólido en mi piel. Se me clava hasta los huesos. El sudor se ha ido, ha escarchado, es una pátina blanca y quebradiza sobre mi pecho, mis brazos, mi rostro.
Yo tengo clase a primera hora. Pero puedo no ir.
Ve a clase, digo.
Silencio. Silencio tan profundo, tan denso que escucho su garganta subir y bajar, tragar saliva. Se mueve en el colchón. Lo que tú digas, dice. La oigo moverse, coger las mantas, tenderlas sobre nosotros. Qué frío, ¿no?
No.
Bueno, arrópate. Te vas a constipar.
Se encoge en posición fetal, sus rodillas rozan mi costado. Me toca, me busca, me pasa la mano por el rostro, y me pregunto si nota la tensión, el ceño fruncido, la distancia.
¿En qué piensas?
No pienso en nada, joder.


Hay un estado, nada más despertar, en que realmente no pienso en nada. Frente al café, con una magdalena en una mano y las noticias en la televisión, no pasa nada por mi cabeza, llena de ausencia, o quizá sí, como un rumor. Como estática radiofónica. Crujidos. Chasquidos. Sin código reconocible. Como olas rodando por la playa, una y otra vez, una playa de guijarros abofeteada eternamente por un océano bravo y gris. Todavía me huelen las manos a su perfume. La almohada apesta a su perfume. Me marea. Me siento seco, vacío, invadido.
Escucho la puerta abrirse y un ruido de llaves y equipaje, y la voz de Dani, maldiciendo para sí. Entra en el salón igual, igual de desastroso, arrastrando la maleta con un brazo y con la otra sujetándose los pantalones, rubio, rapado y con sus ojos de muñeco, como vidrio mojado. – Tú- dice. – Hola.
- Hola, tío.
- ¿Tienes tabaco?
- No.
- Yo sí- dice, soltando la maleta y los vaqueros para buscarse en los bolsillos del abrigo. La maleta cae al suelo y los vaqueros descienden hasta los muslos, abiertos. - ¿Quieres uno?
- Sí... Dani, te veo los calzoncillos.
- Es que no me funciona la cremallera.
- Pues qué bien.
- Me he currado un sistema para cerrarla, con un alfiler y una goma, pero se me ha jodido. – Encuentra un paquete de Ducados rubio y me tira un cigarrillo. – Toma.
- Gracias.
Se coge los vaqueros. – Es que mira la movida, tengo que pasar la goma por aquí y pillarla con el alfiler y...
- Coño, Dani, apártate- le digo. – Tus calzoncillos, no me jodas.
- Pues me funcionaba de puta madre, pero he tenido que mear en la estación de autobuses y me he puesto taco nervioso con un tío... Uno con gabardina, que se me pone al lado y no se movía, ni me miraba ni nada, pero estaba ahí, quieto, el hijoputa. Me he subido esto a toda hostia y se me ha jodido el sistema.
- Dani tiene novio- canturreo, encendiendo el cigarrillo.
- Bah, vete a la mierda.
Se sienta a mi lado. - ¿Qué tal las vacaciones?
- Bien. Con mis viejos. Imagina. ¿Y tú?
- Una pura mierda. ¿Y cómo que has ido a ver a tus viejos y no te he visto por ahí?
- Estuve con estos, en nochevieja y tal.
- Yo estuve en una fiesta más rara...
- ¿Sí?
- Rarísima. Joder. Acabé a las siete de la mañana ligando con una enana.
Me froto la frente. – Joder, Dani.
- Es que tenía farlopa. Pero tampoco es que le hiciera nada. Me dijo que si quería ir a una orgía.
- Venga ya.
- Sí, tío. Hombre, yo pensé que si era una orgía, habría más tías. De estatura normal, digo.
- Y farlopa.
- Bueno, eso también. Total, me voy con ella, a su casa, y sabes qué me encuentro.
- Una orgía.
- Y una polla una orgía. A su marido en bolas con un tío.
- ¿Su marido?
- Eso me dijeron.
- ¿Con un tío?
- En bolas también, tirado en un sofá.
- Te cagas.
- Yo sí que me cagué. Querían que me follase a la enana mientras ellos miraban.
- Por dios.
- Y luego ellos follaban y yo miraba.
- Pero qué gente. ¿Y estaban casados de verdad, la enana y el otro?
- Eso decían, pero vamos, tampoco es que les viera los anillos.
- ¿Pero qué hiciste?
- Pues me metí una raya, le toqué el chocho a la enana y me piré. Salí por patas, vamos.
- ¿Te estás quedando conmigo?
- Qué va. Mírame. Pasó tal cual.
- ¿Le tocaste el chocho a la enana?
- Javo, yo qué sé. – Se encoge de hombros. – Ya que estaba allí.
- Dani, te pasan unas cosas raras... La hostia de raras.
Da una calada al cigarrillo, sonríe. – Y qué no es raro, tío. Qué.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Yo estuve en esa fiesta y vi el comienzo de la historia de la enana. Si me llevan a Salsa Rosa, lo contaré todo. Con todo lujo de sórdidos detalles.

22 enero, 2006 00:22  
Anonymous Anónimo said...

yo vi una enana en la fiesta, pero no me propuso ni orgias ni leches. de hecho, fue bastante antipática conmigo. bueno en parte es lógico ya que tuvimos un mal encuentro, un accidente. al ser tan peque no vi que estaba detrás y.. joder, que se me escapó una flatulencia. eso si,la habría olido aunque midiera 1'90!

24 enero, 2006 22:58  

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