La Gente Terrible

j_alvargonzalez@hotmail.com

domingo, febrero 26, 2006

todavía es un misterio

- Esto está muerto, ¿no?- pregunta Marcos.
Chema bosteza, asintiendo despacio. – Son los carnavales. Mata esta ciudad. Todo el mundo se larga.
Yo me froto los ojos, somnoliento. No hay mucho que decir, no hay nada que hacer. Sólo fumar y beber café, acodados en la barra. El Metropol está vacío, no ha entrado nadie en casi una hora. Fuera llueve y sopla el viento.
El caso es que allí estaba yo, con aquella tía- prosigue Marcos con la historia que lleva toda la tarde mareando. – Era muy mona y tal, pero qué puto lío. Sólo la veía en Salamanca, cuando iba a ver a Isa, y claro, era una movida, cuando se iba a clase, yo me iba con la otra, y luego volvía con ella. Y rezando por no cruzarnos en algún bar...
- ¿Ella sabía que tienes novia?- pregunto.
- Sí, sí. Bueno. Más o menos.
- Vamos, que no.
- No, hombre, yo se lo dejaba caer. Le enviaba mensajes, sabes.
Chema suspira. – Cómo eres, Marquitos.
- Cómo soy, cómo soy- dice Marcos. – No me jodas. El caso es que quedé con ella, en su piso, cuando Isa se fue a hacer el examen. Era el último y luego íbamos a ir a celebrarlo, así que no tenía mucho tiempo darle puerta.
- Seguro que te lo curras mucho- dice Chema, mirándome. – Eh, ahí te quedas, tía. Me piro.
Le río la gracia. – Sí, en cinco minutos. Pim, pam, fuera. Y con la legítima de fiesta.
Marcos chasquea la lengua. – Qué graciosos. Pues eso, fui, le eché un polvo y cuando me estaba vistiendo...
- Eh, eh, ¿le echaste un polvo?- pregunto.
- Claro. – Marcos parpadea. – El último, ¿no?
- ¿Antes o después de darle puerta?
- Coño, pues antes- dice, colocándose las gafitas. – Cómo se lo iba a echar después, quién te crees que soy.
- ¿Porque después sería una guarrada hacerlo?
- Joder, porque no iba a querer- dice. – Si vas a dejar a una tía, primero le sacas un polvo más, ¿no? Además es cojonudo, porque es el último y ella no lo sabe. – Se ríe y se me pega. – Mira, si Javo piensa como yo, el hijoputa.
- No, no, es que eres un cabrón. Qué puto cínico- digo, sin dejar de reír.
- Es que la tía tenía un polvazo, oye. Como para desperdiciarlo. Mejor que Isabel, que le podía poner un poco más de entusiasmo, hostia.
- ¿Y por qué no te vas con la otra y dejas de engañar a Isabel?- pregunta Chema, un poco más agresivo de la cuenta.
Marcos le mira. – Qué gilipollez- dice. – Porque a Isa la quiero, ¿no?
- Tú no la quieres- niega Chema. – Si la quisieras no serías capaz...
Marcos bufa. – Sí, sí, hombre casado, lo que tú digas. Cuando llevas cuatro años con tu novia me lo cuentas. ¿Cuánto llevas tú con tu chorba, la cómo se llame?
- Susana- dice Chema, gélido. – Se llama Susana. Llevo dos años con ella.
Susana, Susana, Susana, me repito. A ver si no se me olvida. – Bueno- digo, para que no empiecen a tirarse cosas a la cabeza. – Te la follaste y le diste puerta y...
- Nada, tío. Si lo haces deprisa, no se dan ni cuenta hasta que te has ido- explica. – Me estaba poniendo los pantalones, ella todavía en la cama y le dije tú, esto se acabó. Voy a borrar tu teléfono, no puedo seguir así porque tengo novia. Adiós, adiós. Hala, solucionado. – Chasquea los dedos. – Es un poco guarro, pero vaya. Es la mejor manera.
- Un poco guarro...
- Eso lo reconozco. – Se encoge de hombros. – Qué le vamos a hacer.
Suena su móvil. Lo coge, pulsa botones y mira la pantallita. – Oh, fenómeno- dice. – No tengo clase hoy. La puta tarde libre. Genial...
La puerta de entrada se abre y entra un escuálido Brus, sorbiendo por la nariz, con las manos metidas en la chupa vaquera, llena de parches. Tiene mala cara. – Hola, maricones- saluda. – Qué hay, Chemo.
- Qué hay, Brus.
- Aquí estamos. ¿Me pones una birra?- pregunta, acodándose a mi lado. Su piel tiene un brillo hepático y enfermo.
- ¿Marcha anoche?
- Sí... – Chema le pone el botellín de Águila y Brus se lo lleva a la boca con ansia. Se lo clava casi entero de un trago. – Tengo un resacón.
- Ya te veo.
- ¿Sabes por qué no tengo clase, tío?- pregunta Marcos. – Es una movida.
- No, cuenta
- El año pasado me pasó lo mismo, tenía el mismo profesor en una troncal- explica. – El tío es... Cómo coño era... Narco no sé qué. Narco algo.
Chema se rasca la cabeza. - ¿Narcotraficante?
- No, joder. Como el abuelo de Los Simpsons. Que se va quedando sopa por ahí, tío.
- Ah- digo. – Narcoléptico.
- ¡Eso! Pues que se sobaba de golpe, el nota. Estaba dando clase y de golpe pegaba un ronquido y zaca, se daba contra la mesa. – Empezamos a reírnos. – Pero unos hostiones del carajo. Cabezazos que te cagas. – La risa empieza a volverse histérica. – Su asignatura no tenía examen, sabes, pero tenías que exponer un trabajo, y eso era de nueve de la mañana hasta que desfilaba todo el puto curso, las siete o las ocho de la tarde. Horas y horas y la gente exponiendo y el tío, pumba, contra la mesa. La peña se meaba. Unas carcajadas. Luego el tío espabilaba y seguían como si nada hasta que otra vez, hala, de boca. Pero roncando, sabes.
Pasamos un rato doblados por la risa. Todos menos Brus, que parece molesto por el volumen, pero sonríe de lado. – Ponme otro, Chemo.
- Sí, va, va- dice Chema, quitándose lágrimas de los ojos. Es lo que tienen estas tardes de aburrimiento. Que explotas por cualquier cosa.
- Bueno, pues el tío no puede coger el coche- dice Marcos, quitándose las gafas. Mira los cristales, con los ojos húmedos. – Así que si por lo que sea pierde el bus o al tipo que lo trae, pues no hay clase. Imagínatelo, conduciendo. – Se pone las gafas. – Infeliz. Es una putada, eh. Bien gorda.
- Sí- reconozco.
- Bueno, pues voy a hacer algo de provecho-dice Marcos. – No voy a pasarme la puta tarde aquí con vosotros, haciendo el ganso.
- Eso, tío. Tú mantente al margen.
Marcos deja un par de euros en la barra para Chema y se pone el abrigo. – Iré a ver a unas amigas, a ver si me invitan a cenar y eso. – Mira a Brus. - ¿Y dónde está tu novio, tío?
- ¿Mi qué? – Brus se aparta el botellín de la boca. – Qué dices, gilipollas.
- ¿No era ese Hulk greñudo tu novio? Creía que sí.
- ¿Muerto? Y yo qué coño sé. – Vuelve a beber. – Eh, no es mi novio, mamón.
- Llámalo como quieras. – Se sube la cremallera, estirando el cuello. – En fin, caballeros. Un placer como siempre. – Lo miramos desfilar hacia la puerta, examinar su peinado un momento en el reflejo del cristal y salir a la lluvia y al frío, exultante y contento de sí mismo. Sin motivo aparente. Porque él es así y se siente así de bien.
- Menudo gilipollas- dice Brus. – Ponme otra, Chemo.
- Ya, sí que lo es- dice Chema. - ¿Quieres algo, Javo?
- Ponme una birra también.
Abre los botellines y la espuma brota y resbala sobre la barra. Cojo el mío y bebo un poco. Brus vuelve a beber con ansia, como un pavo, dejando que la cerveza vaya directa a su garganta, sin apenas dejarla tocar la lengua. Tiene un aspecto un poco mejor, los ojos le brillan, pero sigue hecho una mierda. - ¿Dónde estuviste anoche, tío?
- Por ahí. En La Divina Comedia. Había una fiesta Erasmus. Una castaña. Pero me enganché un pedo cuadrado.
- Ya veo.
Brus hace una mueca, apurando el último trago espumoso de el Águila. – Por cierto, se me hizo ver a esta tía... Ésta que estaba contigo... La Belén.
- ¿Belén?
- Belén, la gabacha, ¿no?
Parpadeo. – Violenne.
- Eso. Se me hizo verla, ¿es posible?
- No, no... Eh, no. Está en París, creo. O en Marsella. Aquí no.
- Pues era una tía idéntica.
- Imposible.
- Ah... Igualita, ¿eh?
Abro la boca para decirle que ya, que a mí me pasaba lo mismo. Que la veía en todas partes. Todo el tiempo. Incluso cuando sabía que era absurdo, que ni siquiera podía estar ya en el país. Aceleraba el paso cuando veía alguna melena negra por la calle, para asegurarme que no era ella. La veía en todos los ojos azules que se me cruzaban. Y no, no era ella. Nunca era ella. Y la olía. La huelo todavía. Así de groseras son. Pero no lo digo. Porque Brus no tiene ningún motivo para recrearla a partir del más mínimo rastro en personas diferentes. Él no está dolorosamente roto y dislocado por dentro. Él sólo ha confundido el rostro de alguna estudiante extranjera con mi estudiante extranjera. La melena negra y los ojos bonitos de alguna chica anodina con la melena negra y los ojos bonitos de mi chica. La que lo fue, por lo menos.
- Imposible- repito.
Brus se encoge de hombros. – Lo que tú digas, Javo.
- Poder despedirme de ti.
- ¿Qué?
- Nada- digo. – Nada, tío.

los dedos crispados sobre el bulto del teléfono móvil en mi bolsillo la palma sudada las cuatro palabras el mantra obstinado el fragmento de mensaje de texto que fue lo último que supe de ella su despedida su adiós fue un placer la cabeza hundida en la almohada dolorido enfermo deprimido el teléfono sonó y llegaron sus palabras su

me voy mañana parís hablar contigo antes poder despedirme de ti

No contesté. Lo miré. Lo leí. Me pregunté si lo escribió con tal economía porque le falló el idioma que tan bien solía dominar o porque invertir más palabras resultaba peligroso, dolía demasiado.

Todavía me lo pregunto, todavía es un misterio.

Suspiro.

- ¿Qué vas a hacer esta noche, Brus?
- Salir por ahí. ¿Y tú?
- Salir por ahí. Supongo.

A cazar fantasmas.

5 Comments:

Anonymous menguelo said...

mama...y yo que habia dejao el tabaco. me cago en to tio. me declaro fan number one de esto. sigue sigue. de rodillas me tienes, cuidao con tu bragueta javo. aaaay cardenaas.

27 febrero, 2006 17:42  
Anonymous Anónimo said...

¿La chica a resultado ser el bicho verde pringoso de Los Cazafantasmas?

01 marzo, 2006 03:44  
Anonymous pili said...

Poder despedirme de ti... es el título del primer post. todo empieza a encajar y a tener sentido. las cuatro palabras, el mantra obstinado

besos

03 marzo, 2006 16:48  
Blogger kutxillo said...

Javo!!!! tío a ver si quedamos por ahi que esto tiene pinta de ser un misterio mayor que de donde vienen los niños!!! por que quisiera ver como trae la cigüeña a los crios de "Genoma 3" sin ser destrozadas...

eso es todo y recuerda que el mundo es una psicoplastia de otro mundo o quizá un reflejo en un agua turbia que no deja ver mas alla de ella y asi visualizar el fondo del rio..

04 marzo, 2006 16:54  
Anonymous pajaro_azul said...

Joder qué gusto leer este blog.
Enhorabuena. Espero que te estés dedicando a esto, porque le das de tacón al contar historias

02 mayo, 2010 14:09  

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