La Gente Terrible

j_alvargonzalez@hotmail.com

lunes, mayo 01, 2006

parís

Después, soñé con París.

Y con ella.

También soñé con columnas y con Dani y con la casa vieja.

Miraba la larga avenida oscura bordeada de árboles enormes y columnas que subían entre ellos gruesas y llenas de grabados ilegibles y que no parecían sostener otra cosa que la inmensa cúpula del cielo parisino con el cúmulo de las Pléyades ardiendo infinitas sobre la ciudad sombría y la larga avenida oscura que miraba con las manos en los bolsillos y tras la cortina del vaho de mi propio aliento.
Los Campos Elíseos, dijo Dani. Señaló en una dirección. Por ahí, tras los árboles, está el Arco del Triunfo. Y por allí, la Plaza de la Concordia.
Ajá, dije. ¿Tienes un cigarrillo?
No. Llegamos tarde.
He perdido el mapa.
Da igual. Sé llegar. Es en línea recta.
Había musgo sobre el asfalto, como espuma de poliuretano verde y reblandecida por la humedad. Mis botas no hacían ruido. Los árboles se movían despacio y colgaban algas de las ramas.
No sabía que por aquí pudiéramos llegar.
Dani miraba los dibujos en la columnas. Llegamos tarde, dijo y sacó una corbata. ¿Tú sabes anudar esto?
Sí.
Y se resbalaba entre mis dedos la seda negra y el nudo se deshacía y la corbata parecía cada vez más vieja y más raída.
Es de un oficial alemán, Javo. Un nazi. Pero es bonita.
Los nazis ocuparon París. Por eso tiene esta pinta, ¿no?
Es de mil novecientos cuarenta y nueve. Los nazis ocuparon París y se dejaron todas las corbatas.
¿La guerra no había acabado ya?
La guerra no acabó nunca.
La corbata se me escurre y Dani se aleja sosteniéndola entre los dedos como una serpiente negra y muerta. La casa estaba entre dos columnas ruinosas y cubiertas de musgo
¿Es aquí, Dani?
Es aquí, dijo, pero no le vi. Sólo había una lechuza, los ojos brillantes junto a la chimenea de la casa. La puerta estaba abierta. Me sorprende que las paredes sigan siendo verdes y que los muebles sigan aquí, aunque los tiramos a la basura, luego deja de sorprenderme, porque todavía no vivimos aquí. Sólo estamos viendo la casa. Porque es barata. Porque Violenne quiere una terraza como la que tienen sus padres en París. Se ven los Campos Elíseos, dijo.
¿Tienes un cigarrillo?
Me da un paquete azul.
Toma.
Cojo el paquete de cigarrillos.
Ella estaba preciosa, dolorosamente preciosa, los ojos azules, el pelo negro sujeto por un cintillo rojo. Tocaba las paredes verdes.
¿Qué tienes ahí?
Me miré las manos, la seda oscura y vieja anudada entre los dedos.
Es la corbata de Dani. Se le ha olvidado.
Y ella se dio la vuelta y se metió en una habitación y me quedé allí con las manos ocupadas desangelado y fuera de lugar pensando que debería seguirla y entrar en la habitación y besarla y quitarle aquel cintillo para que el pelo le cayera sobre la cara y mirarla desde tan cerca que casi respirase su aliento y ver sus ojos enormes y azules tras la cascada negra y las suaves pestañas y forcejear contra su ropa y las sábanas y la cama y la corbata nazi de dani y dejar de una vez de buscar sucedáneos y simulacros y comprobar si de verdad era tan bueno si de verdad lo necesitaba tanto si de verdad puede salvarme o si no es más que otro montón de mentiras magnificadas por la distancia y la pérdida...


No hay nadie en el Metropol cuando entra Alberto Luque, alto y flaco y despeinado. Sólo Chema y yo, compartiendo bostezos cada uno a un lado de la barra. Alberto nos saluda. – Qué calor, eh- dice, pasándose la mano por la barba. Lleva una camiseta a rayas rojas y negras y unos vaqueros rotos. – Chema, ponme un botellín.
- Qué tal, tío- le digo.
- Bien, bien- contesta. – De visita. ¿Y tú qué tal?
- Bueno, en mi línea.
- Ya. – Coge el botellín de la barra y pega un trago. – Coño, qué sed.
- Ponme una a mí- digo.
Chema asiente y me pasa otro botellín de Águila. – Voy a hacer unas cosas, vigiladme esto- dice y se mete en la cocina, donde le escuchamos trastear.
Alberto mira las mesas vacías, sentado en un taburete y acodado en la barra. – Muy vacío, ¿no?
Me encojo de hombros. – La gente, que se asusta con el calor.
- Ya, claro. – Pega otro trago. – Oye, y dónde andan Dani y estos.
- Dani estaba en casa viendo la tele, no le apetecía bajar a tomarse algo- contesto. – Y estos, pues no sé quiénes son estos.
- Marcos, Simón, estos- dice, agitando distraído la cerveza. – Estuve con Brus y Muerto. Me llamaron para que tocara el bajo con su grupo.
- Venga ya.
- Sí, tío. Buf- dice, sonriendo. – Fui a pasar el rato, porque ya me temía lo peor, pero no veas. Es que sólo saben tocar Fear of the dark y lo hacen de puta pena. Cada uno a su puta bola, Brus haciendo gorgoritos, el guitarrista, que no sé cómo se llama, Chano o Tano o algo, metiendo punteos sin venir a cuento... Un puto caos. Pero me pegué unas risas.
- Yo iba a los ensayos. Me echaron porque me partía el culo- digo, riendo.– Son malísimos.
- ¿Y cómo coño se llama el grupo?
- Eh... A ver... – Me rasco la cabeza. – The Dark Cry Of Evil Gods, un rollo así.
- Sí, sí. – Alberto sacude la cabeza. – Nombre imposible.
- Son jevis. Son dramáticos.
- Son oscuros.
Sonreímos y bebemos en silencio.
Alberto se echa hacia atrás en la barra y estira los pies. – Por cierto- dice. - ¿La has visto ya?

Conozco a Alberto desde primero de carrera, por amigos comunes. El curso pasado, tuvo un compañero de piso checo. Me los encontré en una fiesta erasmus a la que Marcos me había arrastrado, en busca de ingenuos ligues extranjeros. Yo estaba aburrido y un poco borracho y Alberto me presentó a unas chicas que acaba de conocer. Una francesa, un par de alemanas, una belga.

La francesa tenía los ojos azules y una camiseta de Frank Zappa.

Se llamaba Violenne y nunca hablo de ella.

Dos semanas después, vivíamos juntos en una casa ruinosa y ella pintaba de verde las paredes del salón.

- No... – digo. La voz me tiembla y Alberto me mira. Carraspeo. – No, no... ¿Ya está aquí?
- Sí- dice. – Estuve con ella ayer... Me preguntó por ti.
Asiento y no digo nada. Llevo el botellín hasta mis labios y bebo y la cerveza pasa fría y sin sabor ni sustancia por mi boca y mi garganta. - ¿Tienes un cigarrillo?
- Sí, claro.
El humo pasa de igual manera, como si no fuera más que el aire que desplaza en mi boca y se desliza inexistente por la garganta hasta hincarse en los pulmones y ser expulsado todavía más inexistente, liviano y destilado de alquitrán y de veneno. Porque Violenne ha vuelto. Y aunque me lo anunció, aunque lo sé desde hace más de una semana, acabo de darme cuenta. No la Violenne recreada, la imaginada, la que se cuela a veces luminosa y perfecta en sueños confusos que me dejan devastado de nostalgia y de deseo. No. Ha vuelto. Ella. Imperfecta y sólida y carnal. Y todos los detalles que se me habían ido, que había descartado mi memoria, olores más allá de su perfume indefinible de jungla y fruta, ha vuelto todo, su tacto bajo la ropa, frío o cálido o ardiente, su pelo resbalando sobre mí, sus ojos tan brillantes con la pupila enorme, dilatada como un pozo, el susurro de algodón de su ropa interior enrollándose apresurada en los muslos y su sudor y ese olor fuerte e intenso a sexo bajo las sábanas, el rostro arrebolado, las pequeñas marcas y lunares diminutos y cicatrices de la niñez y el surco rosado del bisturí en su barriga de la operación de apendicitis, todo, todas las cosas, toda ella, pura carne y aliento y calor y pies fríos, golpeándome con fuerza en el vientre, como algo sólido, pulsando con mi sangre desde la entrañas.

No la Violenne por la que tanto he penado, que habita en ese París imposible de bosques y columnas y que bien podría llamarse Cíbola o Agarta y ser la capital del continente perdido de Mu, sino la Violenne real que una vez llevaba pan caliente entre los brazos y me besó y que luego se hartó de esperarme mientras mi espiral daba el último coletazo y se me secaba la sangre en las fosas nasales. La Violenne real que tiene su propia versión de lo que pasó y que conoce mis miserias y mis traiciones. La Violenne de la que nunca hablo, en la que nunca pienso. La Violenne que me aterra.

4 Comments:

Anonymous JiMY Generation said...

TÚ me HACES
LLORAR!

01 mayo, 2006 07:17  
Blogger miguel de lucas said...

Sueños con los campos eliseos, palíndromos en latín, ¿argonauta involuntario?... Javo, me preocupas.

01 mayo, 2006 17:11  
Anonymous Mendez Edwards Jr said...

Eey a mi tambien. y ese luque? que desaprensivo no? me lo imagino y me da asco.
Puag.
Que noooooooo! que le aprecio y le kiero, es tan sensual q mis calzoncillos se derriten.
yo de la violenne no hablo tio.

01 mayo, 2006 18:35  
Anonymous Fruuuuuuunk said...

A usted no le preocupa, L, a usted le da envidia.

Que lo sé yo.

02 mayo, 2006 01:02  

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