La Gente Terrible

j_alvargonzalez@hotmail.com

sábado, mayo 06, 2006

uno de esos listillos

El local está decorado con frases de Groucho Marx, letras blancas sobre fondo rojo, en pulcros carteles distribuidos por la barra y las paredes. El contexto priva a las palabras de toda su acidez, su corrosividad y hasta de su ingenio. Chistes malos que los borrachos se pasan de unos a otros. El Roland´s. Karaoke. Una chica acomete una versión más que pasable de Killing me softly. Yo pienso en trenes y laberintos y bebo cerveza en cristal verde y encadeno cigarrillos encaramado a un taburete con los codos en la barra como un niño maleducado.
- Eh, eh- dice Dani, borracho y con los ojos azules vidriosos. – Yo quiero una de los Kinks. No. Una de los Clash. ¡London calling, joder!
- ¿De los qué? – le pregunta Marcos, mareando el libro de las canciones. – Eso no viene. Mira, ésta. Chiquilla.
- Yo no voy a cantar esa mierda- dice Dani. – Una de los Buzzcocks, hostia puta. ¡Nostalgia!
La camarera los mira, algo inquieta. - ¿Los vascos?- pregunta.

Pienso en trenes porque están todo el rato yendo y viniendo por sus vías, cruzándose, evitándose, alternándose en sus rutas limpiamente, atendiendo a los semáforos rojos y verdes y las bifurcaciones como lenguas de serpiente, con sus cargas pesadas y con gente dormida y despierta o como alucinada mirando sus rostros de luz fluorescente en los cristales del vagón. Hasta que alguien da una cabezada en la cabina equivocada, un botón deja de ser pulsado o se siguen las instrucciones de algún satélite en plena tormenta solar y entonces los trenes acaban por darse de bruces unos con otros y hay un montón de destrucción y muerte y acero retorcido. Violenne está en la ciudad de piedra desde hace más de una semana. Recorriendo las mismas calles que yo. Comprando en las mismas tiendas. Yendo a los mismos bares. Frecuentando a los mismos conocidos. Todavía no nos hemos visto. Pero es tan inevitable como los choques de trenes, los impactos de los meteoritos o la caída de Occidente. Sé que lo sentiré antes de que suceda. En el espinazo, como los pájaros y los perros, y que apretaré los dientes y se me erizará la piel y sentiré un escalofrío mientras a lo lejos aúlla la locomotora anacrónica y silbante y avanza echando chispas y llamaradas con el estruendo del metal contra el metal.

- ¡Joy Division, los putos Joy Division!- le grita Dani a Marcos que le entrega a la camarera el libro, señalando una canción.
- Que no, hombre, que eso no viene.
Ahora una chica negra con el pelo convertido en un centenar de trencitas amarillas y verdes está interpretando What a feeling con voz de corista gospell. Suena a himno religioso.
…now I dancing for my life... ¡Oh, señor! ¡Amén!
Llevo seis cervezas con el estómago vacío y sólo he conseguido ponerme triste y melancólico. Dani y Marcos calientan la voz coreando la canción cogidos por los hombros. Marcos tiene los cristales de las gafitas empañados. Es miércoles y esto no tiene ningún sentido. El último local abierto y a ellos les encanta.
La puerta se abre y entra una racha de aire frío y dos chicas con expresión desconfiada. Raquel y su amiga. Sonia, la del flequillo como una larga y brillante ala de cuervo sobre el rostro. Nos ven y se acercan. Van un poco bebidas también.
- Qué tal- dice Raquel.
- Vamos a cantar una canción- balbucea Dani. – Eh... De los Talking Heads. Psycho Killer, te lo digo yo.
Sonia se aparta el flequillo de los ojos. - ¿En serio?- dice.
Marcos niega con la cabeza. – Yo no sé qué es eso.
- Ah.
Raquel se queda conmigo en la barra. – En la vida me hubiera esperado encontrarte aquí- me dice, sentándose en el taburete contiguo.
- Ya ves. Lo mismo digo.
Ella se encoge de hombros y sonríe. – Verás, aquí la señorita Sonia tiene muy buena voz, y le gusta lucirla de vez en cuando. ¿Has escuchado su grupo?
- ¿Tiene un grupo?
- Sí, claro. Ella canta y toca el bajo. Son muy buenos, tienes que escucharlos.
- Bueno, vale- digo, y le pego un trago a la cerveza.
Ella saca un paquete de cigarrillos y se enciende uno. Luego, le pide un par de cervezas a la camarera. - ¿Leíste Wachtmen?
- Sí- digo.
- Bueno, y qué tal.
- Bueh- farfullo. La miro. – No está mal... Me gustó.
Sonríe a medias. – Te lo dije.
- Sí, ya.
- Y qué haces aquí, ya en serio.
- En algún sitio había que meterse- digo, con una mueca.
- Y de todos los karaokes del mundo tuviste que elegir el mío- dice, sonriendo y me guiña un ojo, como una niña pequeña. Esos ojos amarillos como los de un lobo, tan bonitos y tan extraños, sus facciones quizá un poco demasiado duras y delgadas, pero hermosas, su flequillo quebrado, un leve asomo de pecas. Me noto los párpados pesados y la lengua torpe cuando digo: - ¿Y Ernesto, dónde anda?
Ella parpadea un par de veces, rápido. – No lo sé. – Coge las cervezas. – Ni me importa. – Y baja del taburete y le acerca la cerveza a Sonia.
Yo me sostengo sobre el mío, preguntándome porqué he dicho eso. Enciendo un cigarrillo con la colilla del anterior y le hago un gesto a la camarera para que me traiga una cerveza más.

Pienso en laberintos porque los laberintos no se completan al encontrar la salida, sino al recorrer todo su trazado, dar con todas sus trampas y recovecos y callejones sin sentido y resolver todas las encrucijadas y acertijos sin hilo que tender para no perderte, perdiéndote de hecho como parte fundamental del juego, y sin tiza con la que marcar el suelo o las paredes y saber que el terreno que pisas ya lo has pisado. Los laberintos no se resuelven al alcanzar la estación más o menos en el horario previsto. Se resuelven cuando has agotado todos los trayectos seguros y las rutas alternativas y los rumbos rectificables y hasta el último giro de la espiral y los trenes se encuentran y los pasajeros y las maletas salen volando por los aires y en ese momento, sólo en ése, pone el conductor, lo que queda de él, el pie fuera del amasijo y el fuego que es su obra y puede buscar nuevos vehículos y nuevos minotauros que cabalgar. Porque no importa lo cerca que estés de la salida. Lo que importa es llegar a ella de la manera más retorcida y dolorosa posible.

El mérito de Marcos como intérprete de karaoke reside en su total desentendimiento de la canción a interpretar. La canción no es más que un mero vehículo para el lucimiento de su persona. Mientras Dani intenta hacerse con la letra de Chiquilla, Marcos se pasea entre las mesas, ofrece su micrófono a las chicas guapas, reparte sonrisas y saludos y a veces anima al público con unos enérgicos vamos, vamos, yeah.

Raquel y Sonia los miran, entre la risa y la estupefacción.
- ¿Vas a cantar alguna?- me pregunta Raquel.
- Sí. Todas.
Ríe. – Por lo menos una.
- No creo.
- ¿No?
- No me sé ninguna.
- Alguna te tienes que saber. – Sonia ha estado eligiendo una canción, así que ella tiene ahora el libro entre las manos y pasa las páginas. – Venga, di una.
- Si encuentras una de los Focomelos, la canto- digo.
Ella asiente. – De los... ¿De los qué?
- Déjalo.
Raquel cierra el libro y lo deja sobre la barra. - ¿Tú no serás uno de esos?- pregunta.
- ¿Uno de quiénes?- digo.
- Uno de esos- dice. – De esos a los que no les gusta nada. Que se permiten ir por ahí con una ceja levantada, mirando a los demás como si les perdonasen la vida. Esos que les ponen pegas a todo, que van con una actitud que dice que nada está a su nivel, nada es tan bueno como ellos merecen. Ese rollo atormentado y misterioso para aparentar un enorme mundo interior. – Sonríe sin alegría, mostrando los colmillos. – Uno de esos listillos. Uno de esos amargados.
La miro un momento, demasiado borracho como para intimidarme bajo esos enormes focos amarillos, y luego vuelvo la cabeza para pedir otra birra. En el centro del local, Dani baila a lo Ian Curtis mientras la gente aplaude y Marcos reparte apretones de mano como un político la noche de la victoria electoral. La canción ha terminado y suenan los primeros acordes de la siguiente, pero ellos no sueltan los micrófonos. – Vamos, vamos- dice Marcos. - ¡Yeah! ¡Oh, yeah!

2 Comments:

Anonymous Annie Wilkes said...

Actualice.

17 mayo, 2006 02:37  
Anonymous mendez, hijo tuyo. said...

weno weno, basta ya.

oh x dios javete, no he tenido tiempo para leerte ultimamenete.

un beso, voy a por el siguiente post.

26 mayo, 2006 13:31  

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