La Gente Terrible

j_alvargonzalez@hotmail.com

martes, julio 25, 2006

cumpleaños

En el sueño, llovía. Se desplazaban por el cielo nocturno las nubes como ballenas preñadas, delineadas por el resplandor violáceo de los relámpagos. En el interior del coche, Dani se ajustaba la delgada corbata nazi al cuello. – El cielo sobre el puerto- dijo. La seda raída de la corbata se escamaba entre sus dedos. – Putas, buscavidas, esas cosas.
- Chiba City.
- Chiba City. Como un televisor sintonizado en un canal muerto.
Manipulé los controles del coche con familiaridad onírica. Rodamos por la calle mojada. Los charcos rojos y verdes de neón, ideogramas orientales siseando vapor. Formas plastificadas, vagamente humanas, con alargadas máscaras antigás y bulbosos ojos opacos. Insectoides bajo la lluvia. Chatarra robótica chirriando en los callejones, androides entristecidos brotándoles marañas de cables como vísceras multicolores inmóviles bajo toldos o sosteniendo sobre sus cabezas láminas de poliestireno en las que el agua tamborileaba. La noche acuchillada de luz. En las fachadas de los edificios, un lío de andamios y escaleras decrépitas. Geometría imposible, borrosa, lógica de sueño. Frené en la parte de atrás del restaurante, junto a un contenedor y bolsas de basura, cataratas fosilizadas de cartones mojados y verdura podrida. Se abrió la puerta y vi sudorosos rostros asiáticos inclinados sobre freidoras y sartenes cónicas como moluscos. Y ella, con su abrigo negro, la carpeta contra el pecho, seria y tranquila. Entró en el coche y se sacudió la lluvia del pelo.
- Qué tal estás.
- Bien- dijo. Miró por la ventanilla y cerró los ojos un momento. – Llévame a casa.

A casa. A casa. A nuestra casa.

Desperté en el colchón desnudo. Mirando el techo gris, el calor como un velo denso sobre el cuerpo. Intenté volver al sueño, ver dónde vivíamos en ese mundo nocturno y pesadillesco, nuestras formas proyectadas en el universo fantasma. Pero el sueño no estaba. Quedaban hilos sueltos que no lograba aferrar. Permanecí insomne el resto de la madrugada. Los ojos abiertos en la oscuridad sucia del amanecer, sintiendo el creciente espanto en mi interior, como un eclipse, un pozo de gravedad que succionaba cualquier hálito de esperanza. Muy quieto sobre la cama, esperando que el oscuro satélite fantasma completase su carrera por el cielo y rodease el orbe y dejara de nuevo limpios los cielos y el sol ardiendo en su cúspide. Pero mientras, sólo la oscuridad exterior amenazando con devorarme. Y la oscuridad interior, implotando como viejas supernovas, cerrándose sobre sí misma. La ausencia. El hueco. El miserable resto de mi vida...

Las ballenas espectrales, aullando. Manoteo el teléfono. El deseo de que sea ella es tan fuerte, tan abrumador, que deja sin oxígeno el viciado aire de la habitación. Es mi padre. Me tiemblan las manos al aceptar la llamada.
- Javier.
- Hola, padre.
- ¿Estabas dormido?
- No- digo, la lengua torpe y lenta.
- ¿Qué tal estás?
- Fenómeno. – Me incorporo en la cama. Por entre las persianas pasa una luz amarillenta y desagradable. - ¿Y tú, qué tal?
- Bien- dice. Lo imagino sonriendo, sentado en su sofá, el pelo blanco. – Feliz cumpleaños.
- Gracias.
- ¿Te han hecho muchos regalos?
- Padre...
Ríe. – Te he comprado algo, ¿cuándo vas a venir?
- No lo sé.
- Me gustaría que vinieras.
- Ya.
- ¿Estás bien?
- Estoy bien.
- Ven cuando puedas, hijo.
- Ya, ya...
- Tu madre te llamará más tarde.
- Claro. Más tarde.
Salgo de la cama y voy hasta la persiana. Mi padre se despide y cuelgo. Tiro de la correa. La luz fulgurante me hace cerrar los ojos, pero aún así permanece en la oscuridad el anaranjado color del verano.

Mojitos a las once de la mañana. Los prepara Rubén en la cocina. Exprime limones y escancia Bacardí. Volvió hace un mes de Cardiff y ha estado en Huelva. Está moreno y exultante, cargado de anécdotas que a nadie le importan. Los demás, Dani, Muerto, Brus y Marcos encienden cigarrillos y llenan un cubo de hielo y cervezas.
No esperaba empezar tan temprano con todo este rollo de la celebración. No me apetece. Estoy anímicamente derrengado. Un perfecto día borracho, ha prometido Dani. No sé si beber es la mejor idea.
Rubén reparte los vasos. - ¿Qué, qué te parece?
Sostengo el mojito en la mano. – No he probado esto en mi vida- digo. Muevo un poco el líquido teñido de azúcar moreno. Olisqueo la hierbabuena.
- ¿Seguro que esto lleva tanto verde, tío?- pregunta Brus, mirado con desconfianza el vaso.
- Es como beberse la puta selva- dice Dani.
- Que sí, coño. – Rubén bebe y chasque la lengua. – Ah. Cojonudo.
- Pego un trago. – Está rico- digo. Escupo un poco de hierbabuena. – Pero sí, es una puta selva.

Tres mojitos después, le digo a Marcos: - Ahora sé por qué se suicidan.
Marcos mira a los lados, inquieto. Se sube las gafitas con el dedo. – Uh, ¿quiénes?
- Ellos- balbuceo. – Los románticos. Los poetas. Los que se tiran del viaducto. Los que se disparan en la boca. Por una tía. – Me llevo un cigarrillo a los labios. – Al principio, te crees que te vas a morir. Que el mundo se acaba. No puedes hacer nada, sólo dolerte. Y entonces pasa, y sabes qué, el puto mundo no se acaba, tiene la puta desvergüenza de seguir igual... Es todavía peor. Cuando crees que tienes algo extraordinario, algo especial entre las manos... Y se vulgariza de esa manera. Se acaba. Las cosas siguen. Vas a otros bares, conoces a más gente, ellas se echan otros novios. Empiezas de nuevo el mismo juego con otra persona. Eso es lo insoportable. Hacerlo tan pedestre. – Enciendo el cigarrillo. – Qué quieres que te diga. En algún momento llega a parecerte que la única manera de conservar esa sensación de... De importancia. De algo que no se puede dejar sencillamente atrás, es hacer algo extremo. – Me encojo de hombros. – Ya sabes. Cortarte las putas venas. Meterte un bote de somníferos y media botella de vodka.
- Tronco- dice Marcos. - ¿De qué coño me estás hablando?
- Pero no creo que eso del suicidio vaya conmigo- digo. – Cuestiones de ego. – Pego un trago del mojito y se me llena la boca de verde. Mastico con furia. – Sólo son pensamientos ociosos.
- Ya... ¿Entonces ya sabes a quién vas a follarte ahora? – pregunta Marcos.
- ¿Eh?
- La próxima tía, digo. – Marcos gesticula, como sorprendido. – Coño, para sacarte a la gabacha de la cabeza.
Sacudo la cabeza. – En estos momentos, no pienso en esas cosas- digo.
Marcos se ríe. – Sí, ya. A otro perro con ese hueso, Javo.

Rubén pasa la mano por la tapa del portátil, llena de arañazos y pegatinas y pintarrajeada con mal gusto. - ¿Me lo has cuidado o qué?
- Sí, tío- le digo.
- Mi hermano me lo ha pedido, pero pasa de dárselo- dice. – Mejor que se compre uno nuevo, esto ya no vale una puta mierda.
- Para ver porno y poco más- apostilla Dani. – Y para escribir, si es que alguien escribiera en esta puta casa.
Rubén me mira. - ¿Ya no escribes?
- No- digo. Me refugio tras el mojito, y luego digo: - En realidad, sí.
Me miran todos. – He estado escribiendo cosas- explico.
- ¿Qué cosas?- pregunta Dani.
- Cosas. Una especie de diario. Algo así.
- ¿Ah, sí?
- Sí- digo. – Pero lo voy a dejar. Un tiempo. No... Ya no... Bueno, estoy cansado. Agota. – Mientras hablo, me doy cuenta de lo borracho que estoy. – No creo que pueda seguir mucho más.
Noto cómo se tensan, cómo aparece cierta incomodidad. De algún modo, se dan cuenta de que estoy confesando algo íntimo. Un secreto.
- Bueno- dice Dani. – ¿Y salgo yo?
- No.
- Eso es que sí- dice. - ¿Me sacas guapo y atlético?
- Te saco como eres- digo.
Sonríe. – Entonces te puedes meter tu diario por el culo, amigo- dice.

Hace un año, desperté en el sofá de Chema, con la resaca más espantosa de mi vida, y deseando morirme a cada instante. Hacía unos meses que Violenne me había dejado y no estaba ni cerca de aceptarlo. No le dije a nadie que era mi cumpleaños. No contesté al teléfono. Llegué a los veintitrés años tan dolorido y roto que la fecha no tenía ningún sentido.
Trescientos sesenta y cinco días, y ahora ni sé lo que siento por ella. Enfado, resentimiento, y siempre el mismo deseo, la misma necesidad que no desaparece. Una balanza que no termina de vencerse para uno de los extremos. Odiarla o seguir amándola, pese a todo el dolor y la angustia.
Estoy mirando por la ventana. Me pregunto por la tormenta de mi sueño. Chiba City. Qué extraña conexión ha traído eso desde mi adolescencia. Los robots desahuciados. Ella, en un restaurante chino. La corbata nazi, otra vez.
Dani se acerca. Tiene los ojos enrojecidos. - ¿Qué tal estás, tío?
- Borracho- digo.
- Sí, ya, pero cómo estás.
- Mal- digo. – Mal... Estaba pensando... Estaba pensando en cuando nos metíamos tanta coca. Las cosas que hacíamos.
Dani tuerce el gesto. – No pienses en eso.
- No, ya, pero... Lo raro es que nunca sentí que estuviera enganchado. No como lo estaban los demás, yo...
- Eso lo pensamos todos- dice Dani. – Que los yonquis son los demás.
- No, joder. Claro que estaba enganchado. Claro que tenía aquellos monos gigantescos. – Guardo silencio un momento. Miro a Brus buscar música en el portátil y subir el volumen de los altavoces. Marcos y Rubén discuten sobre algo, al otro extremo del salón, bajo la atenta mirada de Muerto, enorme e inmóvil como un tótem. – Lo que digo es que nunca lo eché de menos. Cuando pasaron los bajones, la ansiedad física y todo eso... La coca era... – Sacudo la cabeza. – Estoy vacío, colega. No soy nada. No me siento como los demás. La coca era algo con lo que intentaba llenarme. Quería sentir algo, aunque fuera la euforia química que siempre me decepcionaba. Quería tocar fondo, aunque fuera eso. Darme de bruces con lo más profundo. Y daba igual. No había nada, la farlopa caía en el vacío como cualquier otra cosa. Sin dejar rastro. Me sangraba mucho la nariz. Y poco más.
Dani me mira muy serio. – No sé qué decirte, tío.
- No hay nada que decir. – Me encojo de hombros. – Al final, no hay nada que decir.

Y en silencio, miramos por la ventana. Los tejados. A ella le encantaba ver los tejados. Decía que en París nunca se veían los tejados. Sólo edificios subiendo y subiendo, iluminados como constelaciones sometidas a un orden matemático. Una vez subimos a la azotea de la vieja casa y nos besamos mirando los tejados de la ciudad de piedra. Paso la mano por el bolsillo, el rectángulo de esquinas suaves. El teléfono móvil, triste y severo como el ataúd de alguien sin nombre. Me pregunto si me llamará. Me pregunto qué le diré.

Ese frío oprimiendo el estómago.

Estoy cansado, pienso. Muy cansando. Veinticuatro años. No debería sentirme tan viejo.

Toco en el cristal el reflejo de mis dedos.

Es hora de pasar a otra cosa, me digo.


FIN DE LA PRIMERA PARTE


Yours is the only version of my desertion that I could ever subscribe to
That is all that I can do
You are a past dinner, the last winner, I'm raping all around me
Until the last drop is behind you
But you're so cute when you're frustrated, dear
Yeah, you're so cute when you're sedated, oh dear

Sleep tight, grim rite, we have two hundred couches where you can...
Sleep tight, grim rite, we have two hundred couches where you can
Sleep tonight,
Sleep tonight,
Sleep tonight,
Sleep tonight.

You are the only person who's completely certain there's nothing here to be into
That is all that you can do
You are a past sinner, the last winner, and everything we've come to makes you

But you cannot safely say that while I will be away, you will not consider sadly
How you helped me to stray
And you will not reach me I am resenting a position that's past resentment and now
I can't consider, and now there is this distance, so...

12 Comments:

Blogger getchell said...

Descansa, tío. Se te ve cansado. Piensa que los 25 son aún peor, créeme.

25 julio, 2006 19:48  
Anonymous sambare said...

fin de la primera parte... MÁS TE VALE, MANGARRIÁN!

26 julio, 2006 14:16  
Anonymous Anónimo said...

fin de la primera parte? y para cuando la segunda?

26 julio, 2006 16:27  
Anonymous Anónimo said...

Me dan miedo las noches
me asustan las mañanas
ya no entro en nuestro cuarto
que está lleno de nada
Te insulto y te desprecio
la risa acaba en llanto
si crees que no te quiero
dime por qué te canto
y muérdeme las venas
verás como no sangro
mi corazón es piedra
desde que te has marchado

27 julio, 2006 12:03  
Anonymous Vil-Mendez said...

Por Crom, mucho comment trágico.

Aaay javo, la vida esta llena de dualidades: vacío y lleno, frío y calor, el dúo dinámico, las virtudes, los pecos...

Ese contraste, ese tira y afloja entre las 2 entidades que conforman esas dualidades es mágico.

Para terminar un Te Quiero Javo.

Fin.

27 julio, 2006 16:07  
Anonymous Anónimo said...

Neuromante.

30 julio, 2006 14:47  
Anonymous Anónimo said...

Muy bien. Referente pillado.

30 julio, 2006 16:38  
Blogger miguel de lucas said...

Lo demás es silencio. Te echaremos de menos.

31 julio, 2006 21:51  
Anonymous Anónimo said...

Uops!!

Entrevista a Javo en www.surfincccp.blogspot.com

No se la pierdan!!

01 agosto, 2006 15:51  
Anonymous Anónimo said...

Actualice, no sea así

05 agosto, 2006 00:10  
Blogger blankitaenlasnubes said...

Después de leerte no encuentro algo mejor, espero que sigas, algún dia.

14 agosto, 2006 20:46  
Anonymous arturo said...

El Mar de Palha arañado por aquel que en sus aguas se desliza, yo, ¿quién? A mi amada le gustan mucho tus textos, dice que son de un hombre que escribe para mujeres. A mi también me gustan, tengo que leerte con calma.

08 octubre, 2007 03:37  

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