La Gente Terrible

j_alvargonzalez@hotmail.com

martes, octubre 10, 2006

las botas negras

Al otro lado del sofá, Palma abre el chivato y deja caer el hachís sobre su mano. Lleva una camiseta de rayas horizontales, blancas y verdes. – Te cojo el mechero- dice.
- Lo que quieras- digo, abriendo la pantalla del portátil de Rubén. El ordenador se inicia. En el deuvedé que me dio Santiago pone Junio 06 L. & A.. 6 clips. Lo dejo en la bandeja de la lectora. La luz del día es escasa y entra agrisada por el cristal doble de la puerta del balcón. Reprimo un bostezo.
- ¿Seguro que no quieres más intimidad?- dice Palma, sonriendo.
- Esto es trabajo, chica- digo. – Es lo que nunca entendiste.
- Sí, ya.
El piso de Palma es pequeño pero cómodo. Vive con un par de chicas universitarias con las que casi no he hablado por incompatibilidad de horarios. Ella ha venido a estudiar un master. Me lleva un mes de ventaja en la ciudad y da la impresión de llevar aquí toda la vida.
Abro los seis vídeos. El primero es el que me enseñó Santiago en su casa.
- ¿Esa es la chica?
- Sí.
- Es guapa.
- Sí.
- Tiene una nariz curiosa, ¿no?
Una pequeña imperfección en el tabique. Una vieja fractura. Sutil. – Le da personalidad.
Palma desmigaja el hachís y toma un cigarrillo. – Si tú lo dices. Pero es verdad que no le queda mal... Joder, vaya botas. Son como zapatones de Frankenstein.
Sonrío. – Éste ya lo he visto – digo. Paso al siguiente. Mismo escenario. Mismo polvo, con pequeñas variaciones. Está descalza. Mismo esquema de mamada, follada, corrida. Lo paso deprisa.
Palma termina de liar el porro y lo enciende. Sopla el humo espeso y fragrante. En el tercer vídeo follan contra el butacón verde, sin desvestirse, la falda arrollada en las caderas y el tanga negro a la altura de las rodillas. Bloqueo un recuerdo. Otra falda, otra chica, otra noche. La última noche. El vídeo termina con una mamada. Palma hace una mueca. – Nunca entenderé eso- dice. La imagen se congela con la chica escupiendo en un pañuelo de papel, mirando de soslayo a la cámara. Sus ojos traspasan. Enciendo un cigarrillo y me echo hacia atrás en el sofá, pensando. La voz de Santiago: Una biografía. Una historia. Quiero que se enamoren de ella.
Esta mañana, usando la conexión inalámbrica que ha contratado Palma, he encontrado en el hotmail un correo suyo. Divagaciones sobre el proyecto, modelos de cámaras digitales, archivos para descargar al iPod, el fotógrafo que piensa contratar, el informático que diseñará la página web, todo eso. Al final, mi primera misión: Búscale un nombre de guerra. En inglés. Algo que termine en Hot o en Love o en Horny. Ya sabes.
- ¿Crees que es una L o una A?
- ¿Cómo?
- Son las iniciales que ponen en el deuvedé- explico. – L. & A.
Palma da una calada, como pensándolo. – A saber.
- Ya.
- ¿Leonarda? ¿Anacleta?
- Tengo que inventarme un nombre falso y ni sé su nombre verdadero.
Palma sonríe. – Esto te tiene que encantar, ¿eh?
La miro. - ¿Por qué?
- Es el sueño húmedo que siempre te hubiera imaginado.
Parpadeo. - ¿Qué?
- Tienes a una chica guapa haciendo guarradas y puedes inventarte todo lo demás. Su nombre, su vida, todo. Fabricarte la chica perfecta y desde la distancia- dice. Ya no sonríe. – El sueño de un mirón.
- Mirón- digo.
Palma se encoge de hombros. – No te ofendas. Eres un mirón. No en un sentido sórdido, no me malinterpretes. Pero te gustar observar a los demás y que no te molesten. Te conozco, te conozco desde hace un montón de años. Es lo que más te gusta hacer. – Sonríe ahora, pero sin alegría. – De hecho, lo que pasó... Bueno, déjalo. – Intenta mejorar su sonrisa. – No estamos haciéndote un psicoanálisis.
- No, dilo. Di lo que ibas a decir.
Palma hace una mueca. – Lo que te pasó es que por una vez te implicaste y te salió mal. – Me mira como pidiéndome disculpas. – Y te dejó muy cabreado. Triste y cabreado. – Se encoge de hombros otra vez. – Eso es lo que creo que te pasó.
Noto que estoy apretando los dientes. Relajo la mandíbula. – No me digas.
Las palabras se me articulan despacio en la boca, pesadas y graves.
Palma suspira. – Te has enfadado.
- No me enfado. – Bajo la pantalla del portátil y me levanto del sofá.
- Javo...
- Voy a dar una vuelta.
Palma aspira el humo denso y lo deja salir por la nariz. – Quién me mandará decirte nada.

Santiago, el día que lo conocí: - Tiene veintidós años. Trabaja de camarera en un bar... Un bar de jevis o algo así. Cómo se llamaba... – Dijo el nombre del bar. – Lleva ese rollito gótico punk. – Hizo un gesto despectivo. – Podemos explotar eso. Seguro que escribe poemas sobre lo intensa que es la muerte después de grabarse follando con su novio, ¿qué te parece?
Más tarde, devuelta en el piso, busqué el nombre del bar en google. Tenía una pequeña página web. Incluía un tosco callejero con la parada de metro más cercana. Luego estuve mirando un par de álbumes de fotos de fiestas que habían celebrado en el local. La encontré en la fiesta de Halloween de 2005. Llevaba un sombrero vaquero negro, un vestido del mismo color lleno de desgarrones y el maquillaje simulando unas exageradas lágrimas de rimel surcándole las mejillas. Sonreía y le hacía los cuernos a la cámara tras una barra llena de velas medio derretidas.
Garabateé el mapa en un papel y lo guardé en la cartera, sin pensar en lo que estaba haciendo.
Para qué lo estaba haciendo.

Sólo hay tres o cuatro clientes en la barra cuando entro en el bar. Poco mobiliario, apenas un futbolín y unos taburetes, sin espacio para más. Un lugar estrecho y oscuro. Acogedor, de alguna manera. Quizá porque en el fondo es idéntico a otra media docena de bares en los que siempre me sentí cómodo. Suena una canción que reconozco. Easy like Sunday morning, de Faith No More.
En la pared opuesta a la barra hay un gran espejo que contiene dentro de sí una perfecta réplica invertida del bar. Observo de reojo mi reflejo y me veo despeinado y sin afeitar, con la ropa arrugada y las perpetuas ojeras y las progresivas oquedades bajo mis pómulos. Estoy desarrollando achaques. A veces me falla la cadera izquierda. Durante la caminata desde el metro me ha empezado a molestar. Como si se hubiera alojado un cristal muy fino en la articulación. El dolor se ha extendido a lo largo de la pierna hasta la rodilla. Los días que llueve es peor. El dolor me asusta, así que no pienso en él.
Me siento en un taburete, colocando la pierna en buena posición. Enciendo un cigarrillo. Espero a que repare en mí. Me da la espalda, ocupada en la caja registradora. Las vetas rojas de su pelo se retuercen en un moño sujeto con palillos de madera. Se gira. Lleva una camiseta ajustada de Slayer. Le hago un gesto.
- Hola- dice.
- Hola.
- ¿Quieres algo?
- Una cerveza.

Cuando era pequeño me imaginaba hablando con gente que no estaba. No hablaba solo. De hecho, no hablaba en absoluto. Pero me imaginaba hablando con gente. Les contaba cosas. A veces gente que conocía, a veces gente que me inventaba. Les hablaba de lo que pensaba. Les contaba historias. Mientras mi madre me llevaba en coche al colegio yo miraba por la ventana e iba recopilando rostros, gestos, miradas, personas completas con sus atuendos y sus peinados y todo lo que me llamase la atención.
Es la génesis, supongo, de mi necesidad de contar historias. Y todavía lo hago. De vez en cuando, acude a visitarme gente que no está. Le cuento cosas a Dani. Les cuento cosas a mis padres. Cosas que sé que no voy a contarles. Y responden, como personajes de un relato, lo que quiero oír y lo que no quiero oír y cosas que no esperaba que dijeran nunca.
Todavía le cuento cosas a Violenne. Pese a todo, todavía acude su recuerdo a escuchar cosas que ya no puedo decirle. Imagino las expresiones de su rostro fantasmal, cada vez menos definido excepto por sus ojos y su pelo, siempre ardientes, siempre demoledores.
Así que mientras encadenaba cigarrillos y bebía cervezas y vigilaba a la chica sin nombre hablé con todos ellos. Sobre todo con Dani, y después con ella. Con ella una vez más. Le hablé de Santiago. Le hablé del metro y de mi reflejo mortecino en los cristales. Le hablé de la chica y de sus ojos y de cómo te alcanzaban en medio del pecho. Le hablé de lo que me dijo Palma. Le dije que estaba triste y cabreado.
Imaginé sus respuestas. Edité mis recuerdos. Reproduje inflexiones de su voz. Sus erres gabachas. Reproduje sus gestos. Su sonrisa. Su ceño fruncido.
Mediada la sexta cerveza le pregunté cómo pudo hacerlo. Cómo pudo darse la vuelta sin más y sacarme de su vida cuando yo la quería tanto.
Ahí pierde definición y la imagen se congela. La película se sale de la bobina y la lente quema el fotograma. Su imagen incinerada. El vacío. El folio en blanco.
Como un bloqueo de escritor.
La vida sigue y la trama no avanza.

La chica se acerca a mí, apartando con la mano la azulada nube de humo que he ido generando a mi alrededor. Hace un rato que estamos solos en el bar, escuchando la música en un silencio que parece imponerse a la ampulosa orquestación del S&M.
- Vamos a cerrar pronto- dice.
- Oh, vale- digo, echando mano a la cartera. – Cuánto...
- Tranquilo. – Sonríe. – No hay prisa. Termina la cerveza.
Asiento y levanto el botellín hacia ella. – Bien.
- ¿Eres de por aquí?- me pregunta ella.
- No... Yo... Un amigo vive por aquí. Estoy de paso.
- Ajá.
- ¿Por?
Arquea una ceja. – Por nada.
- ¿Y tú?
Ella sonríe y se vuelve hacia los vasos a su espalda. – Tampoco. Sólo trabajo aquí.
- Ya...
Pone un vaso de chupito sobre la barra. - ¿No estaba tu amigo en casa?
- ¿Eh?
- Tu amigo. El que vive por aquí- dice. – Lo digo porque llevas ahí sentado como dos horas... Que no es asunto mío. Perdona si te molesta.
- No- digo. – No estaba en casa.
- ¿Qué quieres? – Señala el vaso. – Te invito. Cortesía de la casa.
Me incorporo un poco en el taburete, rascándome la barba. Me siento en una nube imprecisa de humo y espuma de cerveza. – No sé si debería.
Ella fingió un mohín. - ¿Rechazas mi invitación?
Me encojo de hombros. – Tú eliges.
Chasquea los dedos. – Ya sé. ¿Te gusta el Southern Confort?
- No lo sé.
Cuando se inclina en busca de la botella, me echo hacia delante en la barra para verle las piernas. Vaqueros gastados y botas negras. Las botas negras.
Me enseña la botella media vacía de un líquido ambarino y oscuro.
- ¿Qué es?
- Bourbon- dice. – Con un toque de frutas. – La etiqueta muestra un camino de tierra y unos árboles y una casa blanca y sureña en cuyas ventanas casi espero ver a algún Sartoris o a algún Compson mirando atribulado el exterior.
Llena el chupito. Lo alzo y observo el trago a contraluz.
- Son treinta y cinco grados. No te vas a desmayar, pero se nota.
- A tu salud- digo. Lo echo al coleto. Es suave y dulce. Calienta la garganta. Chasqueo los labios.
- Qué tal.
- Me gusta.
- Triunfaba en Nueva Orleáns. Lo que bebían los músicos de jazz.
- Supongo que la heroína y las anfetas te quitan las ganas de bebidas fuertes- digo. Noto el trago en el estómago, posándose como ácido sobre la cerveza.
Ella se ríe un poco. – También dicen que Janis Joplin sólo bebía esto.
- Bien por ella- digo.
Sonreímos. - ¿Quieres uno más?
- Si pones otro para ti.
Ella ladea la cabeza y me mira como a veces se miran los músicos o los duelistas, evaluándose, el silencioso escrutinio de las habilidades de un contrincante. O un aliado. Por un momento, hasta olvido lo que sé de ella. Lo que he visto de ella.
- Vale- dice. Sirve los chupitos. Levantamos los vasos. - ¿Por qué brindamos?
- Por el gótico sureño- digo. – Y por el arroyo de la conciencia.
Ella lanza una carcajada. – Sí. Lo que sea eso.
Bebimos. Golpeamos la barra con los vasos. Nos miramos. La música se apaga. Ella carraspea. – Ahora sí tengo que cerrar- dice.
Bajo del taburete y pago las cervezas. La chica me devuelve el cambio.
- Bueno, me voy.
- Adiós.
- Eh... ¿Cómo te llamas?
Ella parpadea un momento y después lanza esa mirada de duelista, severa y tranquila. – Me llamo Ana.
Asiento. – Adiós, Ana.
- Adiós...

7 Comments:

Anonymous Vil-Mendez said...

Aaah..los comments desde America saben a ketchup y a brocoli. Que decir que decir. Tu siempre estas rodeado de chicas. Tu siempre estas rodeado de humo. Tu te pareces un poco a Bertin Osborne, hace unos años, en antena 3, los sabados por la noche. Pero tu conservas el pelo y tienes mejor culo.
MMmmMmua

12 octubre, 2006 02:12  
Blogger Isco said...

Nadie lo dice pero todos lo sabemos.

Aquí no comenta nadie hasta que comenta Mendez.

Y así ha de ser.

Kalamazzo style!!

12 octubre, 2006 02:14  
Anonymous Anónimo said...

Know it sounds funny
But I just can't stand the pain
Girl I'm leaving you tomorrow
Seems to me girl
You know I've done all I can
You see I begged, stole
And I borrowed
Ooh, that's why I'm easy
I'm easy like Sunday morning
That's why I'm easy
I'm easy like Sunday morning
Why in the world
Would anybody put charms on me?
I've paid my dues to make it
Everybody wants me to be
What they want me to be
I'm not happy when I try to fake it!
No!
Ooh,that's why I'm easy
I'm easy like Sunday morning
That's why I'm easy
I'm easy like Sunday morning
I wanna be high, so high
I wanna be free to know
The things I do are right
I wanna be free
Just me, babe!

12 octubre, 2006 11:28  
Anonymous chupachus said...

eres increible

14 octubre, 2006 17:18  
Anonymous Anónimo said...

nadie como tú para encerrar en palabras esa extraña mezcla de frio nocturno y seco,de de paraje ártico y de fino humor, ingenioso, retorcido y a veces tan jodidamente iluminado como una supernova. eres especial javo, hermosamente especial. palabra de pataliebre!

31 octubre, 2006 10:38  
Anonymous Anónimo said...

eres la peor persona pero como desen la justisia es ciega es verdad por que el que mato a botitas negra esta vivo y suelto y yo lo conozco vive al lado mio por eso ahi que tener mucho cuidado con nuestra familia

30 diciembre, 2008 02:14  
Anonymous Anónimo said...

ni tu ni nadieen lke puede quitar la vida a nadien solo dios y tu eres la peor persona y no te deseo mal pero que te pase lo mismo que a ella

30 diciembre, 2008 02:18  

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