La Gente Terrible

j_alvargonzalez@hotmail.com

sábado, enero 13, 2007

alquimia barata

La fotografía es del día después de la fiesta. Ligeramente en escorzo, la iluminación poco favorecedora muestra a un tipo que parece demacrado y enfermizo, de unos veintitantos años. Se le adivina resaca y poco sueño. Lleva un jersey negro y vaqueros gastados. Si no fuera por su mala pinta, si no fuera por su tos áspera de fumador compulsivo, si comiera un poco más y bebiera un poco menos, si perdiera el tono amarillento y hepático de su piel, si sus ojos no estuvieran tan hundidos en el rostro, si se peinara, si se afeitara la barba trasnochada, como un bozal oscuro o una máscara incompleta, no lo mirarías dos veces por la calle, no pondrías tus ojos sobre él en el vagón del metro y te preguntarías qué se está metiendo. La foto está tomada a traición y se percibe en el gesto de rechazo de la mano a medio alzar. Se está volviendo para abandonar la habitación. Frunce el ceño y aprieta los labios. Se ve un fragmento de una estantería y de la pared blanca, la esquina de un póster azul recuerdo de un festival de música electrónica. Se llama Javier Alvargonzález. Sus amigos le llaman Javo. La primera vez que vi la foto fue en la pantalla de la cámara de Palma. Mira qué guapo, dijo con una mueca. La segunda vez colaba una copia impresa entre las páginas de Jóvenes hombres lobo. Por más que la miro no logro reconocerme en el tipo retratado. No tiene que ver con encontrar de pronto la cara y la expresión que realmente tienes y no la que ensayas delante del espejo. Es otra cosa. Más complicado, más retorcido. Si las cámaras pueden aprisionar el alma de las personas ésta ha capturado la de algún otro. Es mi rostro. Es mi gesto. No soy yo.


El libro y la fotografía. Regalos de despedida. Ya no dormiré más en el sofá de Palma. Me mudo al otro lado de la calle. El piso tiene los suelos de madera. Tarima flotante alabeada. Crujen los pasos. En mi cuarto hay una cama, un canapé en realidad, y una mesita de noche que no es más que una cajonera de plástico que sostiene un flexo gris con el tallo doblado casi por completo y la pantalla abollada. La bombilla tiene polvo y manchas. Nada más. Una extensión marrón e interminable hasta la ventana. No es grande, pero lo parece. El armario huele a naftalina. Los radiadores borbotean en las paredes y desprenden un calor lejano e insuficiente. Acumulo mantas en el canapé cuyo peso soy incapaz de vencer por las mañanas. Hay muestras de bricolaje guerrillero por todo el piso. Bombillas peladas en el cuarto de baño y cables sujetos con cinta aislante. Muebles rescatados de la basura los jueves noche. Mis compañeros son un chaval con unas enormes gafas pasadas de moda y que trabaja en algo que no logra definir con exactitud pero que tiene que ver con informática y telecomunicaciones. El otro, Mariscal, es el amigo de un amigo de Palma. Flaco, alto, barba de tres días. Cuando lo conocí se enfundaba en una cazadora con pinta de excedente militar de los años cuarenta y ya entonces me pareció que tenía algo luciferino y malvado. Hacía mucho frío, esperaba en el portal de su casa y sonreía con una colección de dientes afilados y temibles. Resultó ser simpático. No nos vemos mucho. Me paso el día en mi cuarto, sentado en el canapé aporreando el portátil de Rubén en la cajonera, el flexo iluminando desde el suelo como el foco de una película de prisiones, y luego bajo al bar de Paco a beber unas cervezas o voy al piso de Palma a fumar y mirar cómo cenan. Estoy escribiendo mucho. He terminado cuatro relatos. Escribí unas veinte páginas para el proyecto de pornografía amateur de Santiago. Vida y milagros de Arden Blackboots. La señorita Botasnegras. A veces veo sus vídeos y me pregunto cosas. Quién eres. Qué haces. No he vuelto a su bar. Le mandé lo que llevaba a Santiago y me llamó escandalizado. Quería algo así, dijo, pero no tan... Buscó una palabra. Elaborado, acabó por decir. Es lo que hay, le dije. Es lo que hay. Me llamó dos días después. Ella lo ha leído, dijo. Quiere conocerte. El corazón se me aceleró contra las costillas. Mejor no, dije. Soy un tío tímido.


Me gasto casi todo el dinero en libros. El resto lo invierto en tabaco y latas de sardinas. El insomnio va y viene. Cuando no puedo dormir enciendo un cigarrillo y leo o enciendo un cigarrillo y escribo o lo hago todo a la vez. Ya no me quedo mirando el techo. Pienso todo el tiempo en escribir. En el metro, en la calle, hasta dormido pienso en escribir. Redacto páginas enteras en lo que tardo en ir y volver del cuarto de baño. Escribo con furia. Escribo como si estuviera enfadado con el portátil. Se están borrando las letras de las teclas. El otro día la D salió disparada del teclado y la mayoría están flojas. A veces escribo con los ojos cerrados, sin darme cuenta y sin respirar, y el cigarrillo se consume hasta el filtro en mis labios. Toso como si me fuera a morir mañana.

A veces me acuerdo de la chica del flequillo.

A veces me acuerdo de mis padres.

A veces hablo con Dani.

A veces hablo con Marcos y me cuenta que Dani está saliendo con Sonia, la bajista de The Faulkners.

A veces pienso en preguntárselo a Dani pero nunca lo hago.

A veces levanto la cabeza como si me acabase de acordar de que tenía que acordarme de algo. Miro a los lados como si estuviera perdido. Pienso en cosas que debería estar haciendo y no se me ocurre nada.

A veces me doy cuenta de que lo que me pasa es que ya no me siento tan mal.

A veces me acuerdo de Violenne.

A veces echo de menos a Violenne.

La mayor parte del tiempo ni pienso en ella.

En lo que pienso la mayor parte del tiempo tiene once páginas y está manchado de ceniza y de café y de espuma de cerveza. Tiene anotaciones y tachones por todos lados. Me obsesiona, me aterra. Hay algo enorme en esas páginas, un algo poderoso y esquivo, como un dios menor que reclamara atención y sacrificios. Lo empecé pensando que podría ser un relato largo. Ahora pienso que podría ser una novela. Me da pavor. El compromiso que supone. La responsabilidad. No estar a la altura de lo que, catedralicio e inmenso, empieza a insinuarse en esas páginas, la materia incandescente que aguarda en el crisol a mi tosco instrumental y mi alquimia barata. Algo que podría contener el mundo, mi mundo al menos, un mundo lleno de luminosidad, belleza y horror. Mi historia y todas las historias que se me han cruzado, mi desamor, mi fiebre, mi furia y todo el dolor, el dolorosísimo trayecto de lo que hubiera antes a lo que hay ahora, todo este largo y extraño camino a casa. Sólo once páginas en las que hay un hombre muerto, un hombre ciego, una mujer tuerta, muchos libros, un amor perdido y la primera vez que vi la nieve. El hombre que no soy, el hombre que me gustaría ser y el hombre que no quiero ser. La primera frase es: Despertó con la mano en la mesita de noche. La frase sencilla, anodina, que lo desencadena todo.

Y así pasan los días.

Uno tras otro.


Tumbado en el canapé miro las motas de polvo que brillan en los haces de luz de la persiana veneciana. Hay cosmos enteros expandiéndose unos contra otros, arrojándose soles fugaces y planetas y satélites que relucen como esquirlas de mica, tendiendo entre ellos tenues lazos de gravedad y girando en órbitas inestables, dibujando espirales y cúmulos elípticos o lenticulares que se enredan y arraciman y arremolinan y se van mostrando en las sucesivas láminas de luz, galaxias que ascienden y descienden y se pierden más allá de los confines de lo que se puede ver junto con quasares y singularidades incognoscibles, toda la variedad y riqueza del universo contenida en un espacio abarcable con los brazos, supernovas, estrellas binarias, enanas blancas, artefactos fastuosos de civilizaciones perdidas, inteligencias alienígenas, vacíos primordiales sólo reconocibles por la ausencia en que se definen, discos de acreción, momentos angulares contradictorios e imposibles, cometas erráticos, horizontes de sucesos y ergosferas en rotación, meteoritos de diamante espejado, milagros atómicos, los Perros de Tíndalos, las entropías reversibles y la bastarda y mentirosa entidad geométrica que forman el espacio y el tiempo justo entre el índice y el pulgar. Soplo el humo que retengo en los pulmones y arraso con todos estos universos y otros iguales vienen a sustituirlos y cierro los ojos y siento el calor del cigarrillo en los dedos y cuando vuelvo a abrir los ojos continúa la misma danza de derviches en la luz pálida del sábado por la tarde. No tengo nada que hacer. No hay nada que hacer.

Me llamo Javier Alvargonzález.

Mis amigos me llaman Javo.

A veces tengo miedo de algo que no sabría precisar.

A veces me siento bien.

9 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Pasaba por aquí y sólo quería decir que me encantó.

Engancha.

Saludos.

13 enero, 2007 20:01  
Anonymous Vil-Mendez said...

Alquimia barata dice...
Lo único barato que tu tienes son los calcetines. Juro que te regalo unos buenos pares buenos por tu cumpleaños.
Saludos.

13 enero, 2007 21:57  
Anonymous Totö said...

hombreee, se agradece leerte de nuevo, bandido!

no le hagas caso al de los calcetines, este es un granuja de cuidado. nos dice a todos lo mismo, si lo conoceré yo... no me fio, no.

14 enero, 2007 18:20  
Blogger getchell said...

Relatos y algo tan parecido a una novela que quema en las manos. Buenas noticias de nuevo.

"No tengo nada que hacer. No hay nada que hacer." NADA QUE HACER, buen libro de Juan Madrid. Descatalogado, me temo.

15 enero, 2007 20:26  
Anonymous lulú said...

Cielos, Javo ha vuelto!
Me alegra saber de ti.
Sigo esperando que nos encontramos por las calles de esta ciudad...Espero tener suerte!

17 enero, 2007 13:40  
Anonymous Louise said...

Soy estudiante en los Estados Unidos, donde Vil_mendez, me ayuda con español. Lo leí por completo pero todavía no lo entendí por completo. Supongo que debe ser asombroso a juzgar por tan emocionado está Antonio cuando habla de tu blog. Vale, lo leo otra vez…

22 enero, 2007 03:32  
Anonymous END said...

Orgasmus...

22 enero, 2007 16:26  
Blogger Guillermo C. said...

Textos cojonudos, me leí tu blog de pe a pa, unos mejores que otros pero todos interesantes. Es un placer leer blogs así. Sigo esperando un nuevo relato, texto o como prefieras llamarlo.....

Gracias!

03 marzo, 2007 00:47  
Blogger Eki said...

Borra este mensaje cuando lo apuntes, es demasiado peligroso para la gente que no tiene autocontrol... cada uno debe ser libre de decidir si quiere conocer el enlace o le tiene más aprecio a su pareja, su trabajo y su vida social en general.

http://www.tv-links.co.uk/

21 abril, 2007 22:03  

Publicar un comentario

<< Home